Situada en la última planta de un edificio residencial del distrito VII de París, esta reforma transforma un ático de 43 m² en una vivienda de un dormitorio concebida para alquiler de larga duración. El proyecto parte de la voluntad de crear un espacio donde salón, cocina, zona de trabajo y dormitorio convivan en un ambiente abierto, manteniendo al mismo tiempo una clara organización de los usos.
La vivienda ocupaba todo el volumen bajo una cubierta inclinada y contaba con un altillo que se extendía sobre prácticamente toda su superficie. Esta configuración, junto con una distribución muy compartimentada, reducía la altura libre, limitaba la entrada de luz natural y fragmentaba la percepción del espacio.
La intervención buscó recuperar el volumen original bajo cubierta mediante la eliminación del altillo existente y de todos los tabiques interiores. La estructura de madera se reforzó, se aisló térmicamente y se acabó en blanco para potenciar la luminosidad, mientras que algunas vigas originales se conservaron vistas y fueron cuidadosamente restauradas para poner en valor el carácter del apartamento.
En lugar de reconstruir el altillo sobre toda la superficie, se diseñó un nuevo volumen suspendido que ocupa únicamente la mitad de la vivienda. Esta decisión concentra el dormitorio sobre la zona de acceso y los espacios de servicio, liberando el área junto a las ventanas para crear un salón de doble altura amplio y luminoso.
El nuevo volumen se concibe como un elemento arquitectónico autónomo que organiza toda la vivienda. Una estructura continua de acero lacado en color antracita integra la escalera, los armarios, el lavadero y los espacios de almacenamiento, al tiempo que conforma el cerramiento del dormitorio. Un sistema de lamas verticales de madera aporta privacidad sin perder la relación visual entre ambos niveles, reforzando el equilibrio entre apertura e intimidad.
La materialidad se resuelve mediante una paleta reducida y coherente. El parquet original de madera fue restaurado para aportar calidez y contrastar con las superficies blancas y la estructura metálica oscura, auténtico elemento protagonista de la intervención. La cocina y el baño se diseñaron como piezas integradas, manteniendo el mismo lenguaje de precisión y sobriedad.
La luz natural entra desde ambas fachadas y a través de los nuevos lucernarios abiertos en la cubierta, acentuando la amplitud del espacio recuperado y poniendo en valor el volumen original del ático.