Situada en el núcleo histórico de Saint-Didier-au-Mont-d’Or, esta reforma transforma una casa adosada de 135 m² para una joven pareja, preservando la identidad y la riqueza material de la casa existente.
La distribución original situaba el acceso y el salón en la fachada orientada hacia el camino interior de la parcela, mientras que la cocina se abría al jardín posterior. Aunque ambos espacios disponían de iluminación natural, la profundidad de la vivienda y su organización limitaban la entrada de luz al centro de la planta baja, debilitando la relación entre las principales estancias y el jardín.
La planta baja se reorganiza mediante una nueva secuencia de espacios de estar, comedor y cocina orientados hacia el jardín. La cocina y el comedor ocupan el lugar del antiguo salón, mientras que la nueva zona de estar se sitúa en la fachada del jardín, reforzando la relación entre la vida cotidiana y el espacio exterior. La sustitución de la antigua puerta de entrada por una nueva puerta totalmente acristalada, junto con la apertura de un gran hueco hacia el jardín y la ampliación de la ventana existente de la cocina, permite que la luz natural penetre mucho más profundamente en la vivienda, transformando la atmósfera de toda la planta baja.
En el centro del proyecto, una nueva escalera escultórica de color blanco sustituye a la antigua escalera cerrada, convirtiéndose en el elemento organizador de la circulación y en el principal vínculo visual entre ambas plantas. En la planta superior se elimina el tabique que ocultaba la escalera para permitir que la luz atraviese el corazón de la vivienda, mientras que la incorporación de nuevas ventanas de cubierta aporta iluminación cenital. La distribución original de los tres dormitorios se mantiene, concentrando la intervención allí donde podía generar un mayor impacto espacial dentro del presupuesto disponible.
El proyecto equilibra nuevas intervenciones contemporáneas con la recuperación del carácter original de la vivienda. Los muros de piedra existentes, las vigas de madera y los pavimentos originales de terracota siguen siendo los principales protagonistas del interior, mientras que los nuevos elementos —como la escalera monolítica, el mobiliario de roble diseñado a medida y las nuevas aperturas cuidadosamente proporcionadas— se incorporan como intervenciones precisas y contemporáneas, claramente diferenciadas de la arquitectura existente.